jueves, 13 de julio de 2017

Invasiones, de Ismael Martínez Biurrun


Siempre que me siento a escribir una reseña de una obra de Biurrun me invade la misma sensación: este texto va a estar tan lleno de halagos que no os vais a creer ni una palabra de lo que os voy a decir. Pero es que Invasiones, publicado este año en Valdemar, en la colección Diógenes (es decir, tiradísimo de precio), me ha fascinado. Invasiones es lo último que ha publicado el autor Biurrun, que quizá conoceréis por Rojo alma, negro sombra, El escondite de Grisha, Mujer abrazada a un cuervo, o Un minuto antes de la oscuridad. Y desde luego, Invasiones está entre los trabajos publicados del autor que más he disfrutado hasta la fecha.

Invasiones es un collage acojonante. Y sí, seamos claros y directos, Ismael escribe historias que aterrorizan. Las imágenes evocadas en las tres novelas cortas de Invasiones son de esas que se clavan en el cerebro, que pican, que rascan bajo el cráneo, que reclaman nuestra atención y que se presentan cual ominosa sombra en nuestros sueños para transformarlos en pesadillas. Pero son unas pesadillas humanas, banales, mundanas. Son pesadillas dignas de novelas de Ballard. Terrores de asfalto. Horrores urbanos. Es curioso como el autor consigue mezclar el género de ciencia ficción de hormigón de Ballard junto a una especie de terror apocalíptico. La amenaza exterior se cierne sobre la humanidad y nuestros personajes parecen estar más preocupados por problemas que en esos casos nos parecerían estúpidos, y que consigue que veamos como los humanos exudamos lo peor de nosotros mismos en situaciones extremas.




Da la sensación de que los personajes, ejes centrales de cada relato, están invadidos, como indica el título. Invadidos a nivel metafórico o literal, y que dicha invasión, plaga, o enfermedad, está rodeada por el halo de la relación sentimental quebrada. Las historias estiran la resistencia mental de los personajes hasta límites infinitos, desdibujando sus rostros en muecas que causan rechazo y fascinación al mismo tiempo. Es decir, el primer bastión en quebrarse es la mente. La resistencia psíquica. La locura, pues, lo inunda todo como un torrente imparable y arrastra al lector a un mundo de claroscuros deformados, dejándolo exhausto.

No deja de ser curioso que los humanos de las historias de Biurrun reaccionen ante situaciones extremas e inhumanas de la forma más inesperada posible, es decir, de forma humana. Caen en errores, cometen actos egoístas, reaccionan de forma irracional, y actúan de forma irreflexiva. Pero lo que más me fascina de Ismael Martínez Biurrun y de Invasiones es el tremendo dominio sobre el estilo y la narrativa. Depurado hasta lo enfermizo, el estilo de Biurrun es marcado y muy personal. Uno sabe que está ante uno de sus textos ya no solo por los leit motiv mencionados en esta reseña, sino por recursos lingüísticos y estructuras narrativas. La prosa de Biurrun acaba siendo un personaje más.

Y terminamos de nuevo con el principio. Con las Invasiones. Con ese deambular por un lugar oscuro, tétrico, en penumbra, con luceros aquí y allá que nos coloca el autor. Y terminamos encontrando un espejo vetusto que nos devuelve una imagen distorsionada. Es el abismo, que nos devuelve la mirada a través de las historias de Invasiones. ¿Os atrevéis a echarle un vistazo?


Nota: esta entrada está dentro del Proyecto Celsius 2017 que comparto con Isa y Daniel, por lo que hemos publicado esta reseña el mismo día, y os animo a revisar sus textos.

jueves, 6 de julio de 2017

Connerland, de Laura Fernández


¿Nueva novela de Laura Fernández? Oh, sí. Una de las mejores noticias de este 2016 fue cuando se anunción que la autora de Wendolin Kramer, El show de Grossman o La chica zombie publicaba nueva novela, y nada menos que en el sello Literatura Random House. Mi primera experiencia con sus obras fue de honesta sorpresa, fascinación y admiración. Un estilo personal, propio, una voz reconocible y unas historias atípicas por completo. Con Connerland parece que la autora dibuja una línea, una trayectoria, una evolución temática, pero que conecta y une en diferentes capas las temáticas de sus obras.

Laura Fernández crea un mundo propio, un mundo vivo, un mundo que rebosa imaginación. Connerland nos cuenta la vida del escritor de ciencia ficción Voss Van Conner, cuya carrera como autor comienza cuando se electrocuta con un electrodoméstico. Al despertar, Voss cree que está en una nave espacial. Por otro lado, su editor aprovecha la desdicha para darle caña a la obra de Conner e inventarse un buen puñado de cotilleos sobre el autor a modo de pienso para la prensa. ¿Qué es real? ¿Qué es inventado? ¿Qué más da?

Conner es un autor extrovertido, pero cuya vida se ha visto envuelta en un buen montón de problemas. Nada le sale bien. Aunque sigue adelante. No se rinde. Y no de forma estoica, sino con un “es lo que toca”. Bueno, menos cuando muere, claro.  Laura reflexiona sobre el mundo editorial, y lo que supone ser escritor. Una mezcolanza entre tristeza, añoranza, motivación y fuerza de voluntad. De pequeños éxitos y grandes derrotas. De grandes momentos y pequeñas crisis.



A nivel personal debo reconocer que o no era mi momento para leer el libro, quizá algo repetitivo, quizá demasiado largo, quizá le ha faltado un último pulido, quizá había cosas que “no me acababan de”, o quizá se me ha escapado algo. Desde luego, la innumerable (para mí) cantidad de referencias literarias de la obra es tan descomunal que me he sentido perdido, cuando me hubiera gustado sentirme maravillado. Kurt Vonnegut, o David Foster Wallace son algunos de los autores mencionados u homenajeados que aparecen en el texto. Hay más. Así como situaciones referenciadas, o momentos que deberían ser reconocibles para cierto tipo de lector. Me da la sensación que Laura ha escrito una obra sobre el oficio de escribir para escritores. Una especie de homenaje a este empleo jamás considerado empleo, a este arte denostado. Una oda para todos aquellos que cada día se dejan su alma en ríos de tinta ante el papel, para después dejarlo en un cajón.

Si no conocéis la obra de Laura Fernández, os recomiendo entrar por una obra más accesible, como comentaba al principio, La chica zombie o Wendolin Kramer son dos ejemplos excelentes. Pero de todos modos creo que Connerland es una obra de choque, un producto literario intrigante, que como mínimo, os va a descubrir a una de las autoras más interesantes y maravillosas del panorama actual.

Pasaos a leer la reseña de Isa en su blog, A través de otro espejo.