sábado, 20 de febrero de 2016

El silencio de las sirenas, de Beatriz García Guirado



Descubrí Salto de Página con Emilio Bueso y su Cenital. Desde entonces se me ha antojado como un sello que arriesga, que publica nuevas voces de autores nacionales. Voces originales y a menudo poco ortodoxas en cuanto a literatura mainstream se refiere. No es un sello de género fantástico, pero de vez en cuando se publican obras como El silencio de las sirenas, ópera prima de Beatriz García Guirado.

La novela empieza narrando que un maremoto en Baja California inunda las costas mexicanas de ballenas varadas. Poco después muere Johanna, la mujer del protagonista, Oless Svalbard, un submarinista sueco. Oless decide ir al Pacifico a bucear en las mismas aguas en las que se ahogó su mujer junto a un grupo variopinto que, como él mismo denomina “en caso de que algo les ocurriera, nadie les echaría en falta”. Oless quiere confirmar la existencia de las sirenas. Y con esto empieza la búsqueda que da argumento a El silencio de las sirenas.

Bucear es sinónimo de viajar a otro mundo. Sumergirse en las aguas del océano significa entrar en lo insondable, en una especie de universo marino al que constantemente enviamos satélites antropomorfos llamados submarinistas para descubrir. Beatriz García utiliza el mar como una forma de sumergir al personaje en un aturdimiento sentimental. El azul profundo es el abismo emocional que sufre Oless. El silencio de las sirenas es el título de un relato de Franz Kafka, donde precisamente hace alusión a este silencio. Oless debe enfrentarse al silencio de su mujer fallecida, cuya voz, cual canto de sirena, sigue persiguiéndole. La novela está contada por un narrador no fiable, el propio Oless, el cual advierte al principio de la novela que este mismo relato:

“Pero si realmente quieres una respuesta, te la daré tal cual la aprehendo en mi mente, de forma subliminal y fragmentaria, a través de refugios que no entenderás de manera consciente, porque no hay nada puro que pueda explicarse de forma literal”.
El silencio de las sirenas es una novela sólida, con un ritmo adecuado y un estilo muy cuidado. En éste último quiero hacer hincapié, pues es quizá lo que más me ha enganchado de la novela. Beatriz utiliza el lenguaje con habilidad y crea estructura narrativas interesantes. Por supuesto esto ayuda a que el ritmo avance. Por otra parte el texto cojea ligeramente en el argumento, el cual se desdibuja a medida que avanza la trama. Escoger a un narrador no fiable es una elección acertada para este tipo de historia, pero es complicado mantener la atención del lector si el narrador divaga demasiado. La voz de Oless es potente e interesante, pero en ciertas ocasiones el lector llega a perderse en los entresijos de su mente.

Me atrae la idea de que hay cada vez más autores con talento y buenas ideas que se lanzan al género fantástico por un sendero apartado al común. Un sendero que bordea los límites de lo real y lo irreal, lo mágico y lo tangible. El silencio de las sirenas es un relato onírico que se confunde y cristaliza con una realidad. La muerte y la pérdida de un ser querido (y de muchas ballenas). Un debut que me ha impresionado lo suficiente como para apuntar a Beatriz García en mi lista de autoras cuyos trabajos toca seguir con ahínco. 

jueves, 18 de febrero de 2016

Ahora intenta dormir, de Emilio Bueso


Mi relación con Emilio Bueso en distancias cortas había sido agridulce, más agrio que dulce. Y es que me declaro un gran aficionado a sus novelas, pero no así con sus relatos. Ahora intenta dormir (Valdemar, 2015) es sorprendente. Y además ha conseguido que me reconcilie con el autor en su formato más corto. Este tomo editado por Valdemar en tapa dura y formato reducido al precio de 12€ (casi regalado), incluye cuentos y relatos recuperados de otras antologías además de inéditos, formando así una amalgama narrativa que incita a un viaje estilístico y temático por las diferentes facetas de Bueso.

Emilio Bueso es un autor cuyo estilo es identificable pero a su vez nunca es el mismo. Con algunos puntos en común pero siempre sorprendiendo. Creo que como valoración global, los textos de Bueso suelen cojear por el argumento, pero en cambio la parte estilística es excelente. Pocas veces he disfrutado tanto un texto como en Diástole (por poner un ejemplo). Esta cojera argumental se acrecentaba en los textos cortos que leí de Emilio (Terra Nova, Mañana Todavía). Sin embargo, en Ahora intenta dormir ha sido sorprendente ver que la gran mayoría de relatos son notables, sin apenas “peros”. Emilio Bueso es un autor que arriesga con cada texto, con cada apuesta, y la consecuencia de esto es errar más que acertar. Bueso es un autor que no va a lo seguro, y eso, debo reconocer, me resulta atractivo.

Ahora intenta dormir, es una antología repleta de relatos interesantes y terroríficos. Relatos que en pocos párrafos consiguen una inmersión directa del lector. Porque son relatos que contienen pesadillas, miedos profundos, escenas dantescas y sacadas del infierno de El Bosco. La analogía de Emilio Bueso y Zdzisław Beksiński (el ilustrador de la portada) es notable, ambos ven un mundo que, por suerte, no todos sabemos que existe, o por lo menos no podemos ver. Pintor y escritor dibujan y escriben sobre el mundo de las pesadillas, sobre la parte oscura de nuestra mente. Sobre lo retorcido y lo oscuro.

Los relatos de Bueso no dan miedo persé. Sus cuentos muestran el terror en palabras, perfilan imágenes perturbadoras y nuestra imaginación hace el resto. O quizá nuestra memoria. No me imagino a Beksiński tratando de asustar a su público con sus pinturas. Creo que ambos (si me permitís seguir con la analogía), buscan desprenderse de esas imágenes que los atormentan en sueños. Como si ponerlas sobre el papel y ofrecerlas al lector fuera una forma de librarse de ellas. Aunque eso sólo signifique dejar paso a nuevas pesadillas.

Esta antología está repleta de obsesiones, por ello Emilio Bueso escribe una pequeña introducción a cada relato, presentando el texto, explicando la razón del mismo. Esto añade un efecto metaliterario interesante, pues hace estos cuentos de terror todavía más palpables. ¿Nunca os habéis preguntado cómo se gestan las pesadillas? Emilio Bueso nos lleva de la mano por los desolados campos de la imaginación más perversa y retorcida en Ahora intenta dormir.





lunes, 15 de febrero de 2016

La espada de Shannara (Las cronicas de Shannara #1), de Terry Brooks


Me he dado cuenta de que al iniciar esta reseña, no me acordaba del nombre de la novela. Tampoco del autor. Y esto me ha hecho reflexionar. Hay novelas que entretienen, otras que dejan poso, otras que te hacen reflexionar y otras que simplemente, olvidas. La espada de Shannara, de Terry Brooks, pertenece a este último grupo. ¿Es una mala novela? Creo que no es tan fácil como decir blanco o negro, hay una serie de matices que la hacen ser lo que es. Terry Brooks lo ha reconocido muchas veces, él escribió una historia que se inspiraba directamente en la obra más popular de Tolkien. Aunque a veces confundimos “inspirar” con “calcar”. Y no estoy diciendo que sea una copia, digo que Brooks escribió La espada de Shannara con La comunidad del anillo en la cabeza, bastante fresca. De nuevo, ¿lo hace esto una mala novela? No, no lo creo. Pero maticemos en profundidad.

Mis problemas con esta novela son, por ejemplo, la enorme falta de economía de lenguaje. Brooks necesita párrafos larguísimos para describir escenas muy simples. Sobre todo con paisajes. No por describir más, el lector imagina mejor. Brooks se recrea en pasajes no especialmente bien escritos y parece llenar con más y más palabrería una clara falta de habilidad narrativa. Además los personajes de Shannara son planos, simples y están cargados de clichés. En definitiva, es imposible crear un vínculo con ellos porque no son creíbles. Terry Brooks tardó siete años en escribir la primera novela de la trilogía de Shannara. Siete años para imitar (mal) lo que Tolkien ya hizo. Siete años que demuestra que el autor no entendió la obra de Tolkien y tiró por la tangente, es decir, copiar las aventuras y dejar de lado la profundidad filosófica y ética (además de mitológica) que pedía una obra de fantasía de esta índole.


Oz Editorial hace un buen negocio reeditando la trilogía de Brooks. Y aplaudo lo inteligente de reeditar este clásico. Ha hecho coincidir la salida de la segunda novela, Las piedras élficas de Shannara, con la adaptación de la MTV de ésta segunda novela. Por desgracia no comparto el entusiasmo (y lo he intentado, lo prometo). Hay algo que me cabrea del libro, y es que hay una buena idea tras todo esto. Una idea que es totalmente dejada de lado. La novela se ambienta en un mundo postapocalíptico, que por una u otra razón ha provocado que la raza humana se divida en diferentes razas o seres: elfos, enanos, gnomos, trolls… Todos ellos conviven en este mundo pseudomedieval-futurista. Pero parece que la idea le vino grande al autor, ya que se desarrolla poco o nada el porqué de todo ello.

La espada de Shannara, en definitiva, se queda en poca cosa. Es el ejemplo perfecto de cantidad en vez de calidad. Donde se podría haber desarrollado una buena novela, tiene lugar una sucesión de aventuras sin ton ni son escritas de forma torpe, personajes con poca gracia y diálogos que dan algo de vergüenza ajena. Una novela repleta de todos los tópicos de la fantasía, es decir, criaturas como orcos o elfos; objetos mágicos poderosos, magos, deux ex machinas, camino del héroe y todo lo que os podáis imaginar que suene a cliché del género. Y diréis “pero esto no tiene que ser malo por necesidad, hay muchas novelas así”. Cierto, pero lo negativo está en que es una de las novelas de fantasía más vendidas y leídas en el mundo, y probablemente de las que más han contribuido a que cada vez más y más lectores se hayan alejado de este género literario. Sobre decir que no me voy a acercar al segundo volumen de esta trilogía.

Y por favor, no me hagáis mencionar la adaptación de la MTV. Una burda imitación de Crepúsculo destinada a adolescente en plena pubertad hormonada que no merece ni un minuto de nuestro tiempo.

viernes, 12 de febrero de 2016

Dos años, ocho meses y veintiocho noches, de Salman Rushdie



Mi primer impulso para leer esta novela fue mis ganas de conocer al polémico Rushdie. Es un autor del que no he escuchado mucho hablar dentro del fandom, pero sí en revistas o blogs más genéricos. Rushdie es de esos autores que, aunque escribe fantasía, encontraréis en la estantería de “LITERATURA”. Porque ya sabéis, aquí abajo todos flotamos y somos un gueto llamado “literatura fantástica”. Mi segundo impulso fue esta novela, algo nuevo, actual, no necesitaba irme a escoger una de las que ya tenía publicadas, podía empezar con la excusa de la novedad. El tercer impulso fue saber que lo publicaba Seix Barral y traducía Javier Calvo. Así que me decidí a leer Dos años, ocho meses y veinticinco noches. El resto es pura subjetividad.

Salman Rushdie es un autor ligado a la experiencia de haber sido condenado a muerte por Los versos satánicos. El autor, del que sabía bien poco, es más conocido por este hecho que por sus propias obras. Todos conocen su cicatriz, pocos su obra. El título del libro es un homenaje directo a Sherezade. Mil y una noches. He mencionado dos obras en este párrafo que no he leído. Pero sí he leído esta tercera, Dos años, ocho meses y veinticinco noches. Una novela de fantasía que, principalmente, busca un origen a la naturaleza humana a través de rodeos reflexivos que en un primer momento no parecen conducir a nada. Según nos acercamos al centro del núcleo, descubrimos que Rushdie ha construido una estructura impresionante y que nosotros hemos danzado en su juego.

Primero vino la Era de la Extrañeza, donde reinaban los yinn. Luego la Guerra de los Mundos. Y después los humanos y las hadas entraron en conflicto, sus mundos chocan. Es ahí cuando empiezan a ocurrir cosas extrañas, como que Gerónimo flote unos milímetros por encima del suelo. O un dibujante de cómics con poderes. O un bebé que identifica a los corruptos. Todos ellos vienen de una yinnia. La reina de los yinns, Dunia. Rushdie parece proponernos una novela fantástica repleta de elementos sobrenaturales, pero estos funcionan como metáforas (a veces muy evidentes) de temas que el autor pone sobre la mesa con forma antropomorfa. Y sí, es obvio que los elementos sean mensajes en la literatura, pero conviene dejarlo claro, pues Rushdie es tremendamente bueno en esto. Dos años, ocho meses y veinticinco noches tiene dilemas morales y éticos, habla de la filosofía y de la historia. Habla de los deseos humanos y de la voluntad de cambiar todo esto para el propio beneficio. Pero sobre todo habla de la condición humana. Rushdie deja pistas, muchísimas. Detalles interpretables según el tipo de lector que seas. Esto convierte la novela en algo único en las manos de cada lector.

Para Rushdie hay dos temas principales que hacen de pilares en la novela. La lucha entre la fe y la razón, entre dogma y ciencia. Y el poder que reside en la creatividad, es decir, en la capacidad de soñar, de crear ficción, en el arte o en la propia magia del acto en sí mismo. Entiendo por qué Rushdie es considerado uno de los autores más importantes de la literatura contemporánea. Sus palabras llegan profundo y tocan temas vitales de nuestra condición de humanos. Remueven cimientos que llevan allí demasiado tiempo y que cada vez que alguien toca, es como azuzar un avispero. Como conclusión de la reseña os dejo uno de los fragmentos de la novela que más me han gustado y que creo que resume y sintetiza, en definitiva, qué es Dos años, ocho meses y veinticinco noches.

“Somos la criatura que se cuenta historias a sí misma para entender qué clase de criatura es. Esos relatos se convierten en lo que conocemos, en lo que entendemos y en lo que somos, o tal vez deberíamos decir en lo que nos convertimos o en lo que tal vez podamos llegar a ser”