jueves, 9 de enero de 2014

Las Piedras de Chihaya [El Hilo del Karma 1/3] de Sergio Vega


Mi ojo avizor tenía en el punto de mira este libro desde el momento en que la editorial Quaterni lo anunció. Su argumento me atraía mucho, además de ser una novela autopublicada y esta su reedición de forma más profesional y dividida en tres tomos para hacer de ella una trilogía. La primera novela del autor Sergio Vega había captado mi atención y el envió editorial del volumen promocional me hizo abandonar todas mis lecturas y ponerme con este libro.

No sé si han sido mis altas expectativas o mis ansias lectoras pero el libro me ha dejado un sabor agridulce. No me ha gustado tanto como me esperaba, y me temo que voy a nombrar más cosas negativas que positivas en esta reseña, por lo que voy a intentar ser lo más constructivo posible.



Sergio Vega nos sitúa en las islas de Japón, en el año 1331, en plena edad feudal cuando los shogun ostentan un poder militar mucho más poderoso que el propio emperador. Los misteriosos ninja, la extraña conducta de los samuráis. El camino del guerrero y la cantidad de religiones que se mezclaron en esa época.

Además aprender sobre su cultura siempre es un reto muy difícil de superar pues la información que nos llega está muy contaminada. Muchas artes marciales, sectas espirituales o “entendidillos” del mundo que han escrito tratados confundiendo mucha información provocan malos entendidos.

Bien, Sergio Vega sabe sobre Japón, y sabe mucho. Lo demuestra con la novela que ha escrito, repleta hasta los bordes de datos históricos, culturales y tradicionales sobre aquella época de Japón. Personalmente no puedo contrastar mucha información que se da en la novela, pero estoy seguro que es de fiar. La labor de documentación ha debido ser larga y laboriosa, pues un conocimiento tan amplio sobre la cultura feudal japonesa no se aprende de un solo libro.

Pero esto es algo malo para la novela de Sergio Vega. Hay tal cantidad de datos, que el ritmo de lectura es muy lento y muchas veces acabas por cerrar el libro para descansar, por lo que la lectura no avanza y a menudo nos perdemos. La cantidad de términos japoneses que no tienen traducción es cuantiosa y muchas veces iremos al glosario (muy útil y perfectamente documentado) que encontramos al final del libro. Yo soy el primero que se tiraría de cabeza ante un libro así, pero reconozco que quizá contenerse un poco más al nombrar términos hubiera sido más adecuado.

Personalmente no sé a qué se dedica el autor. No sé si a las artes marciales, pero lo parece, y no porque las luchas sean explicitas, sino por las enseñanzas zen que cierto personaje, un monje llamado Shiro, va exponiendo a lo largo del libro. Además del aprendizaje personal del protagonista, el niño que confuso se abre, como nosotros, ante un mundo extraño y muy peligroso.

            “Ese día aprendí el significado de la muerte de alguien  amado”
            “Además, el término “mío” es una ilusión. Decir “mío” significa que algo te es necesario, que es parte de ti. Sin una parte de ti no eres tú. Pero dime, ¿crees que tú mano es tuya?
            “Aquel día aprendí que cuando el resto del mundo no ve, abrir los ojos requiere un enorme valor”

Estas son algunas citas de las primeras 50 páginas de la novela. Tengo muchas más marcadas que me guardo para mí mismo. El libro nos invita a reflexionar, parar la lectura tras cada capítulo, cerrar las páginas y recapacitar sobre lo leído para sacar nuestras conclusiones. Es por esto que considero que el ritmo de lectura se ve afectado en cierta manera. Sí, podríamos engullir sus páginas y llegar al final, pero creo que de esta forma se perdería una parte importante de esta novela, su espiritualidad.

Al principio estaba algo enfadado con el libro. Cuando un combate estaba a punto de acontecer, este se solucionaba de la manera más inverosímil posible. Un ejemplo: Uno de los samuráis no ataca ya que se ve desbordado por la capacidad de concentración y relajación de su adversario, y sin más preámbulos, decide huir. Me pareció ridículo, pero si lo recapacitas te das cuenta de que es lo que precisamente Sergio quiere mostrar en su novela. Esto es lo que ambienta la novela. Según avanzamos en la lectura, la sangre y los espadazos aparecen, algo que no podía faltar en un Japón donde una mirada en mal momento te podía costar la cabeza. El chico protagonista sobrevive a diferentes escenas de una forma un tanto ajustada que se podría considerar muy efectista, pero predecible.

Hay un par de errores que me gustaría compartir con vosotros. En una parte de la novela, en la página 66 exactamente, se dice textualmente esto:

            “La Sala de Entrada era una especie de garaje ornamentado donde se guardaba el palanquín de la familia y los dos bellos carruajes”

A pesar de que un garaje quiere decir exactamente eso, un espacio donde se guarda un vehículo (puede ser un carro), creo que no es adecuado en este novela su uso. En todo el libro estamos leyendo términos muy complicados en japonés: cha, bushi, kami, tanto, wakizashi, koku, kin, catay… Que para el lector no acostumbrado pueden suponer una complicación, es por eso que no entiendo el uso de la palabra “garaje”. Una palabra que proviene del francés: garage. Espacio, cochera, o algún otro término hubiera sido más adecuado para este concepto.

Y esto me lleva al siguiente punto. He intentado pensar como clasificaría esta novela y creo que la dejaría en el apartado de ficción histórica. La documentación es fiel, los hechos políticos e históricos son verídicos y aunque contienen personajes ficticios la ambientación es totalmente realista y muy trabajada.

Hay algunos fallos de corrección, como algunas faltas de ortografía, o algunos fallos de coherencia pero que si uno no es muy detallista pasará por alto fácilmente.


 Este libro y su historia tardan mucho en arrancar y coger un buen ritmo. Hasta la página 150-200 no vamos a ver acción y los personajes no van a tener claras sus motivaciones. ¿Por qué el niño sigue al monje? ¿Qué le ocurre a Danjuro y qué hará? ¿Cuál es la motivación de Tadakuni? Estas preguntas se irán respondiendo lentamente a partir de esas primeras páginas. Un poco desalentador.

Que no se me olvide comentar que este es el primero de una trilogía. De hecho el final del libro acaba sin acabar y de forma bastante espectacular. Aunque ciertos personajes se nos hacen difíciles al principio, vamos a terminar cogiéndoles el gusto rápidamente, y todavía más con ese final.

Creo que el problema de esas primeras 150 páginas se podrían solucionar con una buena edición y una corrección. No digo que sobren, es mi humilde opinión, pero el lector de hoy en día es voraz y tiene poca paciencia y no es fácil superar el primer tramo de la novela, algo que puede desanimar a los menos acostumbrados a una novela de este calibre.

Por mi parte espero con ganas la segunda parte, para ver con qué nos sorprende esta vez el autor y como la novela y la historia ya están a medias, estoy seguro de que el inicio será mucho más animado. ¿Os gusta la novela histórica? ¿Os gusta Japón? No sé a qué esperáis para no haceros con un ejemplar de esta obra.

PD: Aquí podéis ver una foto-reseña del libro.
PD2: Os recomiendo seguir el grupo de Facebook de Las Piedras de Chihaya. Sergio sube mucho contenido cultural sobre Japón. Una gozada.

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